Redactado por: Alessandra Lévano, Practicante de Comunicaciones en Empresarios por la Educación.
El Día Internacional de la Mujer nos invita no solo a conmemorar los avances alcanzados a lo largo de la historia, sino también a reflexionar sobre los desafíos que aún limitan sus oportunidades. Entre ellos, se encuentra, la brecha de género en el ámbito tecnológico, la cual persiste como una barrera crítica que restringe el acceso, el uso y la participación de las mujeres. De hecho, en disciplinas como la informática y el desarrollo de software, la representación femenina apenas alcanza entre el 14% y 15% (Gestión, 2026).
En este entorno cada vez más digitalizado, superar esta desigualdad no es solo una cuestión de acceso, sino un pilar fundamental que permite su crecimiento y desarrollo personal. Desde Empresarios por la Educación, hemos comprobado que el talento femenino no solo ocupa los espacios, sino que los lidera con una determinación excepcional.
Un ejemplo claro de esta transformación es el impacto alcanzado por el programa Comunidad Digital en Mollebaya, impulsado en alianza con Sociedad Minera Cerro Verde. Los resultados revelan que las mujeres de la comunidad fueron las principales protagonistas del cambio, cubriendo en promedio el 68% de las vacantes disponibles en el programa. Esta cifra refleja su interés por ser parte de los usuarios con mayor dominio de la tecnología.

Lo más destacable no es solo el acceso, sino la constancia y la excelencia demostrada en el proceso. A pesar de sus múltiples responsabilidades, la participación femenina se mantuvo sólida, logrando alcanzar el 72% del total de las certificaciones emitidas. Este rendimiento superior al promedio de participación confirma que la equidad de género se ha consolidado como el eje transversal de la inclusión digital en la zona. Además, el compromiso fue en aumento hacia el cierre del año, registrándose un incremento del 73% en la asistencia promedio durante el ciclo de noviembre y diciembre.
El acceso a herramientas tecnológicas ha significado, además, mejoras concretas en la vida cotidiana de muchas participantes: desde la creación y fortalecimiento de pequeños emprendimientos virtuales hasta una gestión más eficiente de trámites, comunicación y organización familiar. En varios casos, el programa ha permitido cumplir un anhelo postergado de formación tecnológica, abriendo nuevas posibilidades laborales y personales.
Este impacto trasciende a las generaciones actuales y se proyecta hacia el futuro a través de la formación de los más jóvenes. Este esfuerzo asegura que las niñas y niños de Mollebaya crezcan con las mismas herramientas competitivas, cerrando la brecha antes de que esta se vuelva insalvable.
En este 8 de marzo, reafirmamos que el camino hacia una sociedad más justa comienza por garantizar que cada mujer tenga a su alcance las herramientas para transformar su realidad y la de su comunidad.